Die Verschmutzung unserer Ozeane: Wie konnte es so weit kommen?

La contaminación de nuestros océanos: ¿cómo pudo llegar tan lejos?

Este artículo se ha elaborado en colaboración con la Deutsche Meeresstiftung:

Para quienes disfrutan paseando por la playa, practicando surf, navegando o buceando, está omnipresente: la marea de plástico en nuestros océanos. La comunidad científica estima que en los océanos del mundo en el año 2050 podría haber más plástico que peces. Un pronóstico dramático para un ecosistema que nos provee de oxígeno, alimentos, medicinas y un alto valor recreativo. Pero ¿de dónde procede realmente este plástico? ¿Cómo llega a los mares? ¿Cuánto tiempo permanece allí? ¿Y qué daños provoca?

En 2020 se produjeron en todo el mundo 367 millones de toneladas de plástico. La tendencia sigue al alza. El 33 por ciento del plástico se desecha tras un solo uso. Solo entre el 3 y el 10 por ciento del plástico recogido a nivel mundial se recicla. Se estima que más de 100.000 mamíferos marinos y millones de aves marinas y peces mueren anualmente al ingerir trozos de plástico o quedar atrapados en ellos. ¿Cómo llega, entonces, tanto plástico a nuestros mares?

A través de los ríos
La mayor parte de la basura que acaba en el mar procede de la tierra. Las estimaciones apuntan a un 80 por ciento. A menudo, los residuos se acumulan en vertederos o simplemente se descargan en cualquier lugar. Cuando estos lugares se encuentran cerca de masas de agua como ríos o el mar, el viento arrastra fácilmente los residuos plásticos al agua o son arrastrados por la lluvia o las inundaciones. También a través de las aguas residuales de plantas industriales y depuradoras llegan fragmentos de plástico a nuestros ríos. Los llamados microplásticos, es decir, partículas menores de cinco milímetros, se generan, por ejemplo, al lavar prendas de fibras sintéticas, por el desgaste de los neumáticos en nuestras carreteras o al utilizar productos cosméticos con purpurina o partículas exfoliantes.

A través de la navegación marítima
Aunque la ley prohíbe el vertido de basura (plástica) al mar, su control, especialmente en alta mar, es muy escaso. Además del vertido intencionado de residuos, los barcos también pierden con frecuencia cargamentos y contenedores enteros. No obstante, a nivel regional existen grandes diferencias en las cantidades que llegan al mar. La Agencia Federal de Medio Ambiente de Alemania calcula que en las zonas con un tráfico especialmente denso del sur del mar del Norte y en la región marítima de Asia Oriental, la pesca y la navegación marítima son incluso las principales fuentes de entrada de residuos.

Exportación ilegal y vertederos incontrolados
Lamentablemente, una gran parte de los residuos plásticos de Europa se sigue exportando ilegalmente, mediante artimañas del sector de gestión de residuos, a países principalmente del Sur Global, terminando allí en vertederos incontrolados cerca de la costa. Desde allí, los residuos son arrastrados en parte hacia el mar. 

A través de la pesca
Otro gran causante de la basura en el mar es la industria pesquera. Redes, cabos, boyas, botas de goma y otros utensilios se pierden accidentalmente o se desechan de forma deliberada en el mar. A nivel mundial, las redes de pesca, compuestas en su gran mayoría por plástico, representan hasta el diez por ciento de la basura en el océano. Esto tiene consecuencias nefastas, ya que las redes fantasma que vagan por los mares continúan atrapando peces, que a su vez se convierten en cebo para mamíferos marinos, tiburones o tortugas, los cuales se enredan en las redes y mueren ahogados o de inanición.

Qué ocurre con el plástico en el mar
El plástico es un material muy resistente y, en algunos casos, permanece hasta varios cientos de años en el mar. Se degrada de forma extremadamente lenta y, por ello, el basurero oceánico no deja de crecer.

Enormes concentraciones de plástico se acumulan en cinco gigantescos vórtices de basura y en otros de menor tamaño en los océanos Atlántico, Pacífico e Índico. Esto se debe principalmente a las corrientes marinas, que no solo hacen que el plástico se acumule en grandes cantidades en lugares concretos, sino que también lo distribuyen hasta los rincones más remotos. El Great Pacific Garbage Patch, situado en el Pacífico Norte, ha alcanzado un tamaño equivalente a cuatro veces y media la superficie de Alemania. En estos vórtices de basura se concentran sobre todo grandes piezas de plástico, como botellas enteras, grandes lonas o plásticos agrícolas y redes de pesca.

 Esto no solo pone en peligro a los animales marinos que ingieren el plástico o se enredan en él, sino también a ecosistemas enteros como los corales, que debido al plástico adherido dejan de recibir suficiente luz para generar oxígeno. Especialmente afectados están también los manglares, que a menudo se encuentran cerca de las desembocaduras fluviales. En sus raíces queda atrapada la basura plástica transportada por el agua, dañando la salud de las plantas y, con ello, la zona de cría de muchos animales y la protección costera. 

 Con el tiempo, el plástico se vuelve cada vez más poroso y se desintegra por la acción del sol y el oleaje en fragmentos cada vez más pequeños que se hunden en el lecho marino. Así, los macroplásticos se convierten en microplásticos y, finalmente, los microplásticos en nanoplásticos. Estas partículas representan un grave problema, ya que los animales marinos las confunden con alimento y, a través de la cadena trófica, acaban de nuevo en nuestro plato. La comunidad científica sabe hoy en día que algunas de estas partículas plásticas pueden penetrar en las células y ya ha demostrado que llegan hasta la placenta de futuras madres y a los cerebros de animales marinos. Los efectos que esto puede acarrear, no obstante, aún están por investigar.

La solución
En varios lugares se intenta ya regular el consumo de plástico, por ejemplo, mediante la prohibición de artículos de plástico de un solo uso. Se mejoran las opciones de reciclaje y la concienciación de la población sobre la separación de residuos ya ha aumentado en muchos países. Pero esto por sí solo no resolverá el problema; al contrario. El comercio con residuos plásticos es un negocio lucrativo. Y así, una gran parte de nuestros residuos plásticos difícilmente reciclables se sigue exportando. Uno de los principales destinos: el Sudeste Asiático. Allí, sin embargo, solo se dispone de sistemas insuficientes de gestión de residuos y reciclaje, por lo que una gran parte de los residuos plásticos acaba finalmente en el medio ambiente y en el océano. 

Numerosas iniciativas y tecnologías se dedican a recoger de nuevo la basura del océano o del medio ambiente. Desde pequeñas asociaciones que recogen basura a lo largo de las orillas de los ríos para evitar que llegue al mar, pasando por buceadores y buceadoras que liberan los mares de redes fantasma, hasta futuristas barcos recolectores de basura o instalaciones que capturan el plástico en las desembocaduras antes de que llegue al océano. Todas ellas sensibilizan a la opinión pública sobre la problemática y aportan su parte a la lucha contra la contaminación por plásticos. El objetivo primordial siempre debería ser evitar que el plástico llegue siquiera al medio ambiente. Esto implica que debemos cuestionar y reducir de forma masiva nuestro consumo y la producción de plásticos. Además, debemos crear estructuras de gestión de residuos en países altamente contaminados y regular los ciclos para que, en el mejor de los casos, no llegue más plástico al medio ambiente. Los sistemas reutilizables deberían tener prioridad sobre los de un solo uso. Los fabricantes de plásticos deberían asumir ellos mismos la responsabilidad por los daños a la salud, al medio ambiente y al clima causados por sus productos. Debería prohibirse añadir microplásticos a los productos a sabiendas de que llegarán al medio ambiente a través de su uso. Lo mismo se aplica a las sustancias nocivas en la producción de plásticos. Al igual que en la protección climática, sería deseable un enfoque global en forma de tratado internacional para reducir la marea de plástico, pues el mar no conoce fronteras y nos pertenece a todos.

La Deutsche Meeresstiftung promueve, como plataforma de diálogo para agentes del sector marino de todos los ámbitos, el intercambio de información y la colaboración para la protección y el desarrollo sostenible de los mares. La fundación identifica a los agentes oceánicos y sus proyectos y divulga conocimientos sobre el uso y la protección de los océanos. El objetivo es crear una nueva conciencia oceánica. En particular, la fundación trabaja para integrar el mar en todos los ámbitos educativos, con el fin de llegar sobre todo a los jóvenes.
Fuentes:
Das Ozean Buch, E. Gonstalla, 2021 oekom Verlag
Plastikatlas Daten und Fakten über eine Welt voller Kunststoff, 2019 Heinrich-Böll-Stiftung, BUND
World Ocean Review 1, 2010 maribus gGmbH